La música ha formado parte de los intercambios culturales entre España y América Latina a lo largo de todo el siglo XX. Intérpretes, grabaciones, emisoras de radio y, posteriormente, medios audiovisuales y plataformas digitales han facilitado la circulación de repertorios, estilos y experiencias musicales a ambos lados del Atlántico.
Sin embargo, esta circulación no consiste únicamente en el desplazamiento de canciones o artistas. Las músicas adquieren significados diferentes según los contextos en los que se escuchan. Una misma composición puede evocar nostalgia, pertenencia, desplazamiento o reivindicación, dependiendo de la trayectoria de quienes la interpretan y de las comunidades que la hacen suya.
Los procesos migratorios, las transformaciones políticas y los cambios en los medios de comunicación han contribuido a configurar estas memorias musicales. Las grabaciones domésticas, los archivos sonoros, los testimonios orales y las prácticas musicales cotidianas ofrecen vías para comprender cómo se construyen y transmiten los recuerdos.
El estudio de estas relaciones transatlánticas permite atender a experiencias que no siempre ocupan un lugar central en los relatos tradicionales de la historia musical. También invita a considerar la memoria como un proceso dinámico, en el que las músicas del pasado siguen adquiriendo nuevos sentidos en el presente.
